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Violencia Estructural; Daniel Azuero

Cada persona que tenga la oportunidad de mostrar su voz, en cualquier formato, hacia cualquier público, sea conocido o muy particular, tiene el deber de ser parte de su tierra y de su época, por lo que las siguientes palabras solo son un extremo diminuto intento de serlo. Los últimos sucesos donde se han cometido masacres contra la población civil, aunque el gobierno tácitamente los infravalora con el termino homicidios colectivos, nos muestra que aun estamos muy lejos de algo que se pueda llamar paz. Aun estamos muy lejos de construir ese proyecto nacional pacifico, donde se deja el pasado violento del siglo XX e inicios del XXI atrás. Aun estamos muy lejos de hacer al territorio mas bello un verdadero paraíso. Aun estamos muy lejos de aquella nueva nación promulgada en 2016.


Colombia es un país históricamente violento, aquí la violencia se ha convertido en la normalidad desde hace más de 60 años. A diario vemos en todos los medios de comunicación un nuevo acto de violencia. Violencia de todo tipo y formato: violencia intrafamiliar, feminicidios, pandillas, robos, violencia por una camiseta de futbol, asesinatos a líderes, asesinatos por justicia a mano propia, etc. Aunque suene muy crudo y para algunos un poco exagerado, en Colombia te matan por ser colombiano.

He escuchado un par de veces la idea de que la violencia es un problema intrínseco de la humanidad, que no hay razón para preocuparse porque esto sucede en todo el mundo. ¿Pero que sucede cuando en Colombia la violencia es estructural de la sociedad? ¿Qué sucede cuando el estado no es omnipresente en su propio territorio? ¿Qué sucede cuando la ausencia estatal puede ser voluntaria como un modo de presencia? Y lo peor de todo ¿Qué sucede cuando al pueblo no le interesa cambiar?


El hecho de que la violencia sea estructural significa que, groso modo, abarca varias dimensiones del funcionamiento de Colombia. Significa también que el problema es mil veces más complejo y que está mucho más arraigado a una identidad nacional. Significa también que su solución no depende de un sector especifico como el gobierno en soledad o el pueblo en soledad. Como el viejo dicho, significa que estamos cagados y con el agua lejos.


El problema visto desde una perspectiva estatal nos muestra un problema de funcionamiento institucional y un problema clave de la incapacidad del estado de ser soberano en su propio territorio. El estado colombiano es un estado soberano de manera sectorizada, un estado que olvida a la población de las regiones periféricas a la ciudad. Es un estado que históricamente como dijo William Ospina, es cómplice directo de un proceso de creciente de expropiación de haberes materiales, dignidad y condición humana. Aclarando de igual manera, la importancia de diferencia gobierno de estado, donde este ultimo es inmutable en el tiempo y mucho más intangible.


Y finalmente el pueblo, que es el mismo estado, no tiene interés en cambiar. Aquí nada funciona y sirve en torno de un propósito publicó, el colombiano promedio únicamente concibe los intereses particulares, no le importa que lo roben, lo humillen, lo usen mientras no vea una afectación material directa en él o en sus intereses personales. Es claro que cambiar la sociedad tiene como consecuencia tacita cambiar al estado, pero no solo en su administración, sino también en su funcionamiento y lógica.


El cambio, como ya mencioné no depende de unos pocos, ni siquiera depende de una mayoría, depende de una totalidad social que trabaje por algo tan utópico que hoy se concibe como un milagro, por un cambio. Y entonces con un poco de optimismo vive aquello que Voltaire dijo sobre los hombres de su época Necesitaban milagros: los hicieron.

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