• En Perspectiva

La Triste Historia detrás de un Romántico Empedernido; Guillermo Reyes

Yacía sentado en el bloque Z en Los Andes tomando un oscuro tinto, de esos que queman el esófago al bajar por la tráquea, cuando -no de metiche, sino por casualidad- escuche la conversación que sostenían dos personas:

“Marica imagínese que el sábado me dí con este man y ufff que cosa buena, salimos con mi novio, pero pues usted sabe que como tenemos una relación abierta cada uno puede meterse con quien quiera…” a lo que le responde la otra “la verdad, me moriría por tener una relación como la suya, así, abierta, sin escrúpulos, rico uno poder vivir la vida de soltera, pero con novio también. Yo sigo amarrada con el mío como el primer día…”


Me reí un poco, porque me llamó fuertemente la atención la temática de conversación, inspiración directa para el artículo que usted ahora lee. Si bien la conversación entre estas dos es carnuda para opinar sobre el poliamor, el sexo y el amor en el siglo XXI, utilizaré este espacio para relatar la -triste- historia del romántico empedernido.


¿Quién es y cómo identificar al romántico empedernido?

El romántico empedernido es sencillo, lee García Márquez, Murakami, Neruda y Cortázar a la vez y si se encuentra enamorado Benedetti. No escucha reggaetón sino The Smiths, Sinatra, Chet Baker, un poco de Guns N’ Roses -november rain, para ahogar las penas del amor-, Hector Lavoe y de vez en cuando acompaña su café filtrado o te chai con Mac de Marco, Margarita Siempre Viva o Nicolas y los Fumadores. El empedernido ve películas de amor y desamor los domingos, algo al estilo de “Hitch” con Will Smith, “The proposal” o “Ten things I hate about you” -diez cosas que odio de ti- con Heath Ledger. Este personaje es un amante de las cosas bellas en la vida, de los placeres que para algunos pueden ser concupiscibles. Por ello ama coleccionar vinilos, casetes, cd’s, películas, pinturas y grabados tanto como adora ir a cine, teatro u otros eventos lúdicos -solo o acompañado, eso le da lo mismo-, porque el ser romántico tiene mucho más que ver que solo estar enamorado. Se viste acorde al amor que busca, no hay diferencia entre si viste un suit con una rosa en la solapa y pañuelo de lino, o si camina con una mochila wayuu y unas botas Martens. Si es dama es un poco más retador, sin embargo, la romántica empedernida dedica parte de su tiempo a vestirse como su actriz o protagonista preferida de alguna película romántica; algo al estilo The eternal sunshine of the spottles mind, Pretty Woman o Clueless.


El romántico empedernido no se encuentra muy fácilmente, porque es muy bueno disimulando sus características romanticonas. En casos se podría creer como una tarea fácil identificarle, pero se puede caer en una garrafal equivocación. Aquella persona que tenga o haya tenido múltiples romances y que viva encadenada a una relación sentimental, no se puede considerar como romántico empedernido. Su único deseo es vivir acompañado hasta la muerte, mas no disfrutar del amor y del romance en su más puro estado. Al contrario, el personaje principal de este texto -como dice el dicho- prefiere vivir solo a estar mal acompañado, prefiere tener una relación que le llena el corazón, a muchas que le destrocen el alma. El romántico empedernido se identifica fácilmente por ser soltero, mas no fácil. O por estar en una relación desde el inicio de los tiempos.


¿Dónde se puede encontrar al romántico empedernido?

¿Alguna vez se ha sentado a leer en el Parkway? O incluso, ¿ha dedicado parte de sus tardes a caminar por el virrey o el parque de los novios con una botella de vino -del D1 por supuesto- mientras cae el sol? Si no se dedica a hacer esto seguramente sea un romántico más casero, quien dedica su tiempo en casa a leer, tomarse un whisky o fumar mota, ver películas o cocinar pasta, pizza o algún plato exótico que le recuerde a alguno de sus amores. El romántico empedernido también se encuentra en las librerías chapinerunas y de Teusaquillo, donde no solo busca libros o cd’s sino un amor. Busca enamorarse de manera desprevenida en algún lugar que tenga un aesthetic determinado. Por eso mismo también puede encontrarlo sentado en alguna de las mesas de ajedrez de la séptima, o en Merlín -librería-. Aunque, estaría cegado si no aceptara que este romántico que he descrito no se puede encontrar degustando unas sabrosas empanadas de queso, pollo o carne en Henry’s al lado del eje ambiental; justo antes de bajar a su lugar favorito, la librería Lerner, para salir con una copia de algún libro de Merleau Ponty y un bareto entre el índice y el pulgar. Saliendo un poco de Bogotá, viaja en carro de noche a comer postres en Guatavita o va desde el alba hasta el atardecer a Villa de Leyva. Es fácil encontrarlo tomando café, avena o masato en algún municipio de la sabana de Bogotá.


Inspirado en Mr. Worldwide, el romántico se encuentra también en el Vondelpark de Ámsterdam manejando cicla o consumiendo cierto psicodélico en algún coffee shop o en una heladería al pie de un canal. Camina al compás de Serrat y del Cigala por el Retiro en Madrid, y luego toma una caña o un tinto de verano por Chueca o Malasaña. Si está en París va por un canapé al café di flore mientras escucha algo de Nirvana y lee Camus, o baja de Sacre Coeur por el Moulin Rouge hasta el cementerio donde Sartre y De Beauvoir yacen lado a lado.


¿Por qué ser un romántico empedernido?

Muchos no elegimos serlo, otros lo desarrollan. Ser parte de este pequeño gremio es hacer parte de una minoría selecta. El valor fundamental de ser un romanticón es ver la vida con ojos de sentimiento. Cada actividad, cada acción que se desarrolle, cada cosa que se haga se hace con emotividad, se ve la vida con calidez y con un cierto idealismo. Ahora bien, quizás esto es cierto para algunos eventos y ocurrencias diarias, mas no para el amor. Algunos de los románticos actúan con miedo y reparo ante la búsqueda del amor. Miedo a sentir, a darle su corazón inflado de amor y cariño a alguien. Sin embargo, ese sentimentalismo puro y duro es el que se encuentra en las fuertes emociones que se evocan al sentir felicidad como tristeza. Hay un gran beneficio de ser un romántico empedernido: una expansión del alma. Puede sonar un poco extraño que un existencialista crea y hable del alma, sin embargo, el alma es la parte principal del romántico; este sujeto no es sus libros, ni su colección musical, ni su forma de vestir, ni su forma de hablar o comer, ni sus gustos alternativos, el alma es el eje del desarrollo del hopeless romantic. Entonces ¿Quiénes no son románticos empedernidos no tienen alma? Si que la tienen, pero al vivir en un sin sentido, al no disfrutar epicúreamente de los placeres quizás turban a su alma de recorrer un camino de belleza y placer que aún desconocen.


¿Por qué es una triste historia?

Lastimosamente el amor del siglo XXI ha dejado atrás la idea de romantizar la vida y las relaciones interpersonales. Cada vez es más fácil ver como las jóvenes generaciones optan por simplemente satisfacer sus deseos sexuales con múltiples parejas, en vez de explorar los matices y colores que pueden contener pocas relaciones significativas. Los gestos de romance puro están quedando en los libros de historia y en las clásicas películas de amor. Es difícil ver gestos de amor como regalar flores, chocolates, dar tiempo de calidad, invitar a cine, opera o teatro, ir a conciertos, etc. El amor ha cambiado, eso es indudable, y gran parte del cambio se debe a la influencia de las redes sociales que construyen personalidades basadas en perfiles falsos llenos de falsas expectativas. Por lo que nos hemos acostumbrado a ser codiciosos de aquello que vemos en la pantalla, por las imágenes y videos que nos convierten en insensatos y conformistas sobre la exploración sentimental y sexual. Ahora, el amor no solo se debe profesar a una pareja. El romanticismo también se debe expresar a sí mismo. No tenga miedo a darse el amor que merece, invitarse a comer o a deleitarse con algo que solo a usted le guste, ir a comer un mcflurry con papas por ejemplo, quedarse en casa viendo series un viernes en vez de salir; la decisión es suya. El amarse a sí mismo es el principio fundamental que cambia la triste historia del romántico empedernido en una feliz. La crítica entonces se basa en el deseo de satisfacer puerilmente los deseos carnales y emotivos del ser. Sin embargo, no se puede quedar en una simple crítica. Aún existen, entre las junglas urbanas detrás de barreras de concreto, ladrillo y cal, quienes expresan su sentimiento con arte, canciones, poesía, historias y ellos son la salvación. A quienes se consideran romanticones que aman con profundidad y pureza, mi invitación es a que dejen la desidia de romper con el statu quo. Amen, y dense de amar.


Aprovecho para compartirles mi poema favorito, muy romanticon por si lo quieren dedicar ; )


Táctica y Estrategia


Mi táctica es Mirarte Aprender como sos Quererte como sos

Mi táctica es Hablarte Y escucharte Construir con palabras Un puente indestructible

Mi táctica es Quedarme en tu recuerdo No sé cómo ni sé Con qué pretexto Pero quedarme en vos

Mi táctica es Ser franco Y saber que sos franca Y que no nos vendamos Simulacros Para que entre los dos

No haya telón Ni abismos

Mi estrategia es En cambio Más profunda y más Simple

Mi estrategia es Que un día cualquiera No sé cómo ni sé Con qué pretexto Por fin me necesites


Mario Benedetti



116 visualizaciones0 comentarios