• En Perspectiva

Desbloquear El Crecimiento; Santiago Archila

El 2020 ha sido, sin duda, el espejo de lo absurdo en la realidad. Como si las cosas no pudieran estar peor, hemos cometido el error de convertir al covid-19 en un debate ideológico, donde se creó un campo de batalla politiquero y populista. Pero llegó el momento de parar, no podemos seguir en un desgaste tan bravo.


Tal como en el 2016, cuando nos dividieron en amigos y enemigos de la paz, acá se puso en discusión salud o economía. Cuando no se trataba de blanco o negro sino de un gris creado por todos los colombianos para ganarle la batalla al virus. Apunta de debates, títulos amarillistas en medios y discusiones en Twitter, la pandemia nos separó, en vez de crear una agenda común, donde el resultado fue un profundo declive económico y llegar al borde del colapso en el sistema de salud colombiano.


Como se diría popularmente, nos quedamos sin el pan y sin el queso, por eso llego el momento de poner un alto. El panorama pos covid-19 no es nada alentador, habrá una caída del 5.5% de la economía colombiana, aproximadamente dos millones y medio de nuevos desempleados y un crecimiento absurdo en las brechas sociales, borrando 20 años de trabajo en política social.


De hecho, como dije en la columna de la semana pasada, será nuestra generación la responsable de reconstruir este país. Tenemos que unirnos y darnos cuenta que, como alguna vez dijo Álvaro Gómez, nuestra revolución debe ser el progreso. Seremos la prueba de que Colombia puede y debe pensar distinto. Debemos ver el lado positivo de lo que nos dejará está coyuntura, la oportunidad y la obligación de trabajar por un verdadero desarrollo inclusivo. Por eso, es necesario, en este instante, reemplazar los debates de odio por conversaciones orientadas al mañana.


Es más, es ahora, en el pico de la pandemia, donde la conversación debe cambiar. Debemos centrar todos nuestros esfuerzos en el futuro de Colombia, y no hablo de la Colombia del 2022-2026, es hora de cambiar el chip, el planeamiento a largo plazo es lo que hará que Colombia renazca de las cenizas y desbloquee el acelerado crecimiento económico integral del que es capaz.

Para lograrlo, debemos pensar en los siguientes veinte años, establecer una agenda colectiva que cree políticas de Estado y no políticas de gobierno. Políticas que comprometan por lo menos a los siguientes cinco gobiernos a dar facilitadores gubernamentales que creen valores y un crecimiento inclusivo sostenido. Debemos no sólo darle importancia al crecimiento de la fuerza laboral sino más bien centrarnos en aumentar la productividad, aumento que resulta de la competencia entre empresas y un sano ambiente de negocios que expande el aporte económico y algo central, la inversión.


Hay que crear un circulo virtuoso de crecimiento, que no únicamente funciona bien sino que también impulsa el valor económico de una sociedad. Con una agenda política que impulse la productividad y el sector privado, crece la inversión y los ingresos que se ven traducidos en empleos que aumentan los salarios y el consumo; los ahorros y las utilidades que se reinvierten extienden la acumulación de capital. Así se crea riqueza, no aumentando la carga tributaria empresarial para sostener una renta básica universal.

Ya en un país con mayores ingresos crece la demanda de consumo y de mercados de exportación que incentivan las inversiones productivas, para reiniciar un nuevo ciclo de crecimiento. Ya con agendas que aseguren gobiernos eficientes y receptivos es esencial sostener y compartir equitativamente las ganancias del crecimiento entre la población, territorios y empresas. Apoyando el dinamismo empresarial y el sector privado se amplían los mercados laborales inclusivos y a través de una tributación racional se puede llegar de manera efectiva con políticas sociales que inviertan en las poblaciones y territorios rezagados.


Para liberar el potencial del país hay dos dimensiones básicas en las que debemos enfocarnos, volviéndolas más proactivas: infraestructura y globalización. Una infraestructura que tiene tres ramas: la social, que recae en la preparación del capital humano colombiano con una educación enfocada a suplir lo requerido por el mercado laboral; la física, fundamental para una Colombia que quiere crecer, las vías, los puentes, puertos y diversas obras de ingeniería son el pilar de la actividad económica, la inversión en la planta física del país no es de criterio político, es una visión de competitividad; por ultimo la empresarial, que va de mano con la social (educación), donde se debe crear una visión creativa con mayor campo para los emprendimientos que traigan más soluciones de mercado y respuesta a los desafíos económicos y sociales.

Hablando de globalización, es también urgente llevar a que los empresarios miren más hacia el mundo. El sector privado debe adaptarse a los cambios propios de este tiempo y prepararse para los que se avecinan, así podremos convertir a Colombia en un centro de iniciativas dirigidas a la innovación. Con esto se atraen más capitales, intereses y talento que enriquezcan la propia infraestructura empresarial. Hay que ampliar la perspectiva y aprender lo que está sucediendo en el mundo, para que los colombianos seamos ejemplo en Latinoamérica y la OCDE de participación, integración con crecimiento y atracción de inversión.


No hay excusas para seguir en el mismo juego y no mirar al futuro, si lo que queremos es el crecimiento del país. Que no sigamos echando la culpas de lado a lado que, al momento de escribir esta columna, no ha logrado ninguna cosa, y que nos concentremos más bien en proyectos de calidad que le sirvan a la nueva Colombia que necesitamos.

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