• En Perspectiva

La sociedad que queremos

Daniela Ortiz Mantilla; Columnista invitada


A lo largo de los años y con el transcurso de las décadas, los derechos humanos han ganado más poder dentro de la sociedad y de nuestras mentes. El darnos cuenta de que tenemos derecho – es decir, acceso – a ciertos aspectos de la vida cotidiana ha ido cambiando e influyendo notoriamente en la relación que existe entre ciudadano y sociedad. Por ejemplo, antes de que se reconocieran los derechos humanos no existía el concepto de trabajo digno, y fue hasta la aparición del concepto “derechos humanos” que el ciudadano común comenzó a darse cuenta de que era posible y debía ser una realidad el acceso a un “trabajo digno”. Por lo que, se podría afirmar que la existencia de los derechos humanos repercutió de manera favorable en la vida del ciudadano común y condujo a una sociedad centrada en el bienestar del individuo. Sin embargo, no todo es lo que parece. Esos derechos humanos que parecen mejorar la calidad de vida del individuo dentro de la sociedad actualmente representan una amenaza para el bienestar social y la comunidad en su totalidad.


Comencemos por el reconocimiento y una breve explicación de los derechos individuales. Es posible afirmar que los derechos individuales tienen lugar siempre y cuando no repercutan de manera negativa en la vida del otro. Es decir, tu puedes exigir tu derecho a la salud mientras tu derecho no afecte de manera directa los derechos de otro individuo que hace parte de la sociedad. En este primer caso, el derecho a la salud de un individuo no afecta a la sociedad y no representa una amenaza. Pero, ¿qué pasa cuando este no es el caso? En efecto, ahí esta el problema. Por ejemplo, cada uno tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera y, por ende, nadie está en la obligación de ponerse una vacuna. Entonces, si al no ponerse la vacuna se está ejerciendo su derecho individual, ¿qué pasa con los derechos generales de la sociedad? Es en ese caso en el cual debe primar el bienestar social sobre los derechos individuales. Al fin de cuentas, por ejercer un derecho individual, los demás individuos pagan con las consecuencias que, en este caso, repercuten sobre todo en materia de salud. Por lo que, se vuelve fundamental que se recuerde el principio base de los derechos individuales: estos existen siempre y cuando se respete y no se amenacen los derechos individuales del otro individuo.


Ahora bien, ¿qué son los derechos generales y de la sociedad? Estos son los derechos a los cuales tenemos acceso por ser individuos que hacen parte de una sociedad y que son de todos los que la conforman. Continuando con el ejemplo anterior, todos tenemos derecho a gozar de salud y, como sociedad, decidimos gozar de esta. De manera que, como sociedad decidimos vacunarnos y evitar que se exceda la capacidad en los centros de salud para la atención del COVID-19 y otras enfermedades. Es por esa razón que, en cuanto a derechos generales, estos deben primarse ante los derechos individuales que atentan contra el bienestar total de la sociedad. La base de dicha afirmación está sustentada en el hecho de que no vivimos en una anarquía, de qué tenemos que convivir los unos con los otros y que el egoísmo de sobreponer los intereses individuales sobre los generales no aporta en la construcción social.


Es por estas razones que, es momento de cuestionarnos los derechos individuales y analizarlos a partir de los derechos generales. Todos queremos una sociedad equitativa, en paz, donde los individuos tengan acceso a un buen sistema de salud y a un buen trabajo. Empero, al momento de ejercer los derechos individuales pareciera que se nos olvida que vivimos en una sociedad. Esto se ha hecho más que evidente a lo largo de la historia del país mediante la violencia de las cual Colombia ha sido víctima y se hizo más que evidente a lo largo del paro nacional vivido en el 2021. Por ejemplo, el derecho a la libre expresión condujo a una agresión verbal entre ciudadanos que no termino en nada positivo. Al fin de cuentas, ¿de qué sirve y en qué construye que yo le grite a un policía que es una persona #*%&#, o que los dirigentes políticos se ataquen entre sí? Ojo, el punto no es que no se deben ejercer los derechos individuales. La idea propuesta es el análisis de la pertinencia de ejercer los derechos individuales dentro de la sociedad y con base en el bienestar total. Y es que, nos quejamos de los políticos que se roban la plata, pero al no vacunarse la gente se está haciendo lo mismo, es decir, se está primando el bienestar individual sobre el bienestar colectivo.


Después de esta reflexión la pregunta que queda recae en el tipo de sociedad que queremos construir y qué queremos que sea nuestro futuro. Tenemos dos opciones, la primera es seguir construyendo una sociedad basada en los intereses personales y la segunda opción es construir una sociedad en la cual se busca el bienestar colectivo y de paso se obtiene un bienestar individual. Al fin de cuentas el bienestar general implica un bienestar individual. Para que sea mas clara la idea un ultimo ejemplo. Pensemos en el transporte público. Existen dos opciones: primar el bienestar general o primar el bienestar individual. Si un individuo se cola dentro del Transmilenio no solo es éticamente erróneo, sino que, eso repercute en un tíquete menos que se vendió y, por ende, menos ingresos obtenidos. Recordemos que ese ingreso es necesario para solventar gastos y hasta mejorar el sistema. Por lo que, al primar ese bienestar individual es el sistema – es decir, la sociedad – la que tiene que pagar por las consecuencias. Ahora bien, la otra opción es no colarse, hacer la fila y contribuir al bienestar social desde la ética y desde lo material. Es así que recae en nosotros la respuesta a la siguiente pregunta: ¿qué tipo de sociedad queremos?

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