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La Historia Tras Las Cifras; Rosa E. Piedrahita

Actualizado: 1 de jul de 2020

Esta semana el New York Times nos sorprende con un trabajo enfocado en visibilizar las cerca de 100 mil vidas perdidas en Estados Unidos a causa del Coronavirus, recordándonos que esas cifras esconden un nombre, un rostro, una historia, y sucesos de dolor y sufrimiento que probablemente los atormentaron hasta su último aliento. Es hiriente para mí pensar, que lo que fuimos solo será un número más en una larga lista de desgracias, que nuestro ser, nuestra esencia que integra momentos de sentimientos sublimes quedará opacado bajo un lente de dolor y tristeza, porque sin importar lo vivido será la muerte la encargada de titular nuestro paso por esta tierra.


Es cierto que el artículo es muy preciso y se desarrolla únicamente dentro del contexto de la pandemia, pero el fin de este permite adaptarlo a un sin número de eventos en donde la continua violencia deja un mar de víctimas a su paso, y el sufrimiento humano termina en meros datos cuantitativos. Y, aunque las cifras son muy importantes para la investigación y la divulgación de información, los números se quedan cortos al tratar de referirse a vidas humanas porque no tienen la capacidad de contar historias de vidas que, puede que padecieran un mismo final, pero protagonizaron un sinnúmero de momentos diferentes que también merecen ser contados.


Existen millones de conflictos, guerras, atentados y ataques aleatorios que, puede que generen escándalos y estragos, pero sepultan en silencio las vidas que arrebatan y pareciera que con ellas se llevaran toda su historia. Aunque esto es una tendencia universal, no hay que ir muy lejos para evidenciarlo, pues la violencia en nuestro país encabezada por el conflicto armado colombiano es un reflejo de que el sufrimiento y el dolor tienen muchos rostros y nombres propios, que han sido ignorados y olvidados al momento de escribir la historia. Sin embargo, es claro que no es un caso aislado, ya que existe una larga lista de sucesos conformados por la Masacre de Srebrenica en la antigua Yugoslavia, la guerra civil yemení, la guerra civil y genocidio de Ruanda, la guerra civil siria, y cientos más en donde las víctimas son solo una cifra aislada que ha perdido su humanidad y es irreconocible por la sociedad.


Es necesario reconocer que nos hemos acostumbrado a ignorar el carácter cualitativo que va ligado a la vida humana misma y nos hemos conformados con recibir cifras y gráficos para resumir la historia de vida de una persona. Considero que, el problema en cuestión es que implícitamente estamos tan enfocados en el problema que no vemos o simplemente no nos interesa conocer la historia de las personas que fueron afectadas por ese suceso ¿quiénes son? ¿Qué los hace felices? ¿Cuáles son sus sueños y anhelos? ¿Qué historias tiene por contar? ¿Cómo quieren ser recordados?


Cada vez más estamos deshumanizando este mundo inestable y hostil en donde lo medios pasan a ser irrelevantes frente al fin y a causa del desinterés por los sucesos que afecten a nuestros semejantes nos estamos quedando hasta sin empatía. En este punto, es donde se empieza a aclamar a gritos la inclusión y el apoyo a las ciencias humanas, está claro que la tragedia no es la única historia y que hay muchas por contar, que el sufrimiento tras estas deja rostros y nombres propios y que, aunque es cierto que necesitamos cifras, también necesitamos narrativas, historias de vida antologías fotográficas, documentación y muchos otros mecanismos que nos permitan acercarnos más a la víctima, a su vida, a su historia y que sea eso lo que defina como será recordada y no el infortunio que marco o acabo con su vida, convirtiéndola en una cifra más en una lista de desgracias.

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