• En Perspectiva

El sentido común también aplica, ¡por favor hacer uso!; Sebastián Sanabria

En los últimos días ha existido un revuelo gigante frente a las dinámicas políticas para las elecciones presidenciales del 2022 en nuestro país. Desde propuestas que buscan reformar totalmente la Fuerza Pública hasta personajes políticos que desde ya han aprovechado la situación para incendiar y polarizar al país. En este orden de ideas, para nadie es un secreto que la sociedad colombiana se encuentra en un una coyuntura crítica bastante pronunciada que requiere de acciones contundentes y prontas bajo el contexto de una crisis económica sin precedentes. De ahí que, el próximo presidente de Colombia tendrá la siguiente misión: “hundirnos más o sacarnos de la crisis” para hacer de Colombia un mejor país, aunque suene como frase de cajón de tía.


Todos, pero absolutamente todos nos encontramos agotados de escuchar la palabra COVID-19, me incluyo en la lista. En el ámbito económico esta palabra se traduce como la crisis más pronunciada en la historia de Colombia superando la Gran Depresión de los años treinta, y otros eventos. En consecuencia, se enfrentan grandes retos monumentales para la recuperación para sobrellevar la crisis. Si bien la actividad económica del país se ha venido recuperando desde abril del 2020, la reactivación y recuperación no han sido tan dinámicas como se esperaba por parte de todos los sectores. De ahí que, si este es el comienzo cuál será el fin.


A pesar de que hemos fijado la lupa a corto plazo, es necesario hacer con urgencia planes de contención, y una activación económica verdadera con estímulos orientados hacia la empresa privada. Más no hacia un Estado subsidiario como se han caracterizado las políticas de recuperación en su inmensa mayoría, ya que vuelven a la población dependiente del Estado, como una vaca que se le extrae leche. Lastimosamente esa vaca tiene recursos finitos, lo que muchos candidatos no han considerado en sus futuros planes de gobierno. Creo pertinente recalcar una frase de Reagan: “El mejor subsidio es un empleo” y sin lugar a duda la historia ha demostrado que las políticas de promoción de empleo han sido clave para superar las crisis económicas. Por lo que, me surge la pregunta: ¿existe el sentido común? Considero rotundamente que no, pero en unos sectores es más evidente que en otros.


Ahora bien, cuando hay falta de presupuesto debes analizar una mejor forma de distribución de recursos, y obviamente no gastar más. La distribución de los ingresos debe estar orientada a fomentar y asegurar la libre competencia para que el consumidor pueda escoger, para lo que es necesario enfocar los subsidios a las empresas privadas, mas no a las personas. Lastimosamente las tempranas propuestas cumplen la profecía de W. Churchill: “Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar y muy pocos lo miran como el caballo que tira el carro". Por otro lado, se destacan propuestas que buscan expandir el Estado, en vez de configurar la figura de un estado no intervencionista y en su mínima expresión. Ya que, entre más pequeño es el Estado más libertad para la sociedad, especialmente en una economía en la UCI. Pareciera que el sentido común no entra en este ámbito.

Considerando la importancia de la Fuerza Pública en una democracia como pilar fundamental para el cumplimiento de la constitución y la protección de la sociedad es necesario analizar el sentido común en esta área. No obstante, pareciera que el sentido común no es muy evidente en esta área. Actualmente, la institucionalidad de la Fuerza Pública se encuentra en números bajos e históricos, tanto así que la última encuesta del Barómetro de las Américas por Lapop muestra que el 24.6% de los ciudadanos confía en la policía en Bogotá. Algunas de las propuestas de los candidatos para el 2020 están orientadas hacia volver la Policía Nacional como un ente cívico. Lastimosamente, estos personajes deben considerar el contexto de Colombia. Por ejemplo, en Colombia diariamente matan por robar un celular con armas de fuego o cortopunzantes, por lo que quitarle los medios legítimos de la fuerza a los entes del orden, es decir, armas de fuego y demás recursos no tiene sentido común. Ni siquiera en los países con menores índices de criminalidad suceden este tipo de reformas. Otra vez pareciera que el sentido común es casi nulo. Entonces, ¿qué hacer?

Urge que los nuevos candidatos reconozcan los errores cometidos, pero sobre todo aprender la lección. Ahora bien, debemos partir de que la confianza es la columna vertebral del cambio, ya que sin esta no se logrará mejorar la imagen de la Fuerza Pública hacia la sociedad. Por consiguiente, es necesario armonizar con las altas cortes para explicar los diversos protocolos y llegar a un consenso de opiniones de forma rápida, ya que si no se realiza los únicos que ganan son los vándalos poniendo en riesgo la libertad y el orden. Supuestos principios del Estado colombiano que en la realidad parecieran supuestos de fantasía.


Si pensamos la seguridad como pilar fundamental del Estado, sin lugar a duda requiere de una confianza intrínseca entre la Fuerza Pública y la sociedad, la cual no existe actualmente. Del mismo modo, si no tenemos una Fuerza Pública con mejoramiento continuo en todos los ámbitos perdemos el motor de este crecimiento que proviene del choque positivo de confianza en el país generado por las políticas de seguridad y defensa que dio lugar a un incremento de la inversión medida con respecto al PIB durante el primer gobierno de Álvaro Uribe; es decir, perdemos absolutamente todos. Ojalá se implemente lo que en un pasado dio resultados por sentido común


El próximo presidente deberá considerar la crisis económica, junto con la institucional de la Fuerza Pública, como una ventana de oportunidad. Por consiguiente, deben esforzarse en tratar el problema de raíz, más no con discursos populistas y palmadas en la espalda que no lograrán nada para llevar a Colombia a ser un mejor país, por un lado con un Estado en su mínima expresión y no asistencialista, y por otro una Fuerza Pública donde la institución está por encima de las personas y las aspiraciones.


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