• En Perspectiva

La Relación Médico-Paciente y la Coherencia de Trato; Ana Cristina López

A lo largo de los años el médico como parte de la sociedad y como sujeto de las relaciones interpersonales ha llevado como un sello en el alma, la responsabilidad resumidamente de curar a todo aquel que padezca alguna afección en la salud y en esta cuestión, se habla también de la evolución en la polisemia de estos conceptos a lo largo de la historia, pero con el mismo aterrizaje. Una relación entre el hombre enfermo y aquel otro responsabilizado por un imperativo social: el restablecimiento de la salud del que se enferma (chamán, sacerdote u otros)1 Somos conscientes de la relación sobre el nacimiento de la medicina, la comunicación y los padecimientos con el nacimiento del ser humano, esto es, la huella del desarrollo hacia el humanismo pero sobre todo, la coherencia que tiene un médico en el trato al resto de los seres humanos fuera del uniforme. La relación médico-paciente (RMP) es una modalidad de las múltiples relaciones interpersonales que realiza el hombre. Esta permite al enfermo satisfacer su deseo y necesidad de salud y al médico, cumplir con una de sus funciones sociales más importantes.2 En este margen el médico no solamente tendrá que enfocar sus conocimientos científicos en el tratamiento de patologías de las que padecen sus pacientes pues la RMP no tendría sentido sino, brindar igualmente un trato cálido y humanitario hacia estos, respetando los principios bioéticos y ser conducido por los valores universales en este proceso. Ahora bien, ¿Qué sucede con el trato brindado a las personas de la tercera edad en la práctica médica? ¿Cuál es el nivel de funcionalidad de la RMP y la coherencia con el paralelo familiar?

Plantear una relación médico-paciente enfocada en pacientes de la tercera edad es un proceso complicado primeramente en el punto de la comunicación pues, es esta la que se ve interrumpida por las afecciones fisiológicas de estos pacientes, como es levantar la voz para que el paciente pueda entablar una conversación y proceder a la entrevista médica como pate de la RPM, por supuesto, siendo tolerantes y jamás agresivos al confundir gritos de regaño con un tono de voz más fuerte pero siempre agradable y transmisor de confianza. Ante esta situación el médico busca implícitamente entre sus valores el de empatía, respeto y justicia para comprender y atender la dignidad de estas personas haciéndolas sentir, en resumen, bien. La coherencia de esta relación médico-paciente con el ambiente familiar del médico, en su mayoría se muestra tergiversado pues, se aplican los principios bioéticos y los valores universales en el paciente de tercera edad cuya relación no es sanguínea pero en el paralelo, en donde el paciente de tercera edad se relaciona con el médico sanguíneamente se pierde por completo (no siempre, lo cual vale la pena ser aclarado) estos principios bioéticos y valores dándole un trato despectivo o dándole un papel de ser humano inútil y peor aún, de estorbo. Es en este escenario en el que el paciente no solo siente su integridad y dignidad devastas por el médico sino, por su familia. La solución no se encuentra en una caja envuelta por papel y moño, se encuentra más bien, en la respuesta a la pregunta ¿Merezco ser médico? Pues a partir de esta se podrá comenzar un análisis que busque el cambio en este médico actual que en su primer día como universitario su única misión sin ambición económica o social fue en sus propias palabras y sentir de corazón “Estoy aquí para ayudar a las personas”. “La juventud tiene tantas cosas por vivir y las viven con tales prisas que no queda tiempo para darles a los viejos un poco de atención. No es reclamo, yo admiro mucho a los jóvenes. Hoy puedo decir que los envidio, pero su misma velocidad

existencial atropella sin querer a las personas a las que ya nos sucede poco afuera y mucho por dentro. Sentimos necesidad de compartirlo”3.

Todo paciente busca sanar por el médico, pero muchas veces el sanar no implica métodos meramente físicos y medicamentos pues, en todos los pacientes y particularmente en las personas de la tercera edad sanar comienza en ser escuchados y comprendidos para ser impulsados a una recuperación física completa y hacerlos sentir importantes y no un estorbo en todo aspecto de su vida, en especial al ser tratado como paciente sea familiar o no.

Finalmente, manifestar los pilares de la bioética en la RMP con personas de la tercera edad les brinda un sentimiento de fortaleza y, sobre todo, de confianza que es el objetivo principal de la RMP, también respetar las decisiones que el paciente tome manifestará su autonomía y se le devolverá la fuerza de líder que este tiene en su propio ser al pasar por el consentimiento informado, para que al darle el tratamiento a sus afecciones de manera justa sin mostrar actitudes negativas como la discriminación o el clasismo , la no maleficencia y la beneficencia complementen esta relación hacia el progreso y al no ver al ser humano como objeto de experimento o de exposición de sus patologías cual maniquí de práctica desechable.

La relación médico-paciente no nace, se hace. Se construye a la par de la adquisición de conocimiento, experticia y experiencia, mostrando la vocación médico desnuda: un ser humano cuyo único propósito es ayudar a las personas.

Que jamás se pierda el espíritu con el cual se busca ser médico al formarse como universitario, pues si esta luz se conserva intacta las máscaras de la medicina como la soberbia se desprenderán fácilmente y así la medicina seguirás siendo una ciencia pero ante todo un arte, que busca despertar un sentimiento de esperanza

más allá de experimentación y monotonía.

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