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Entre polémica y desinformación: “La mujer Wayúu no se vende”; Rosa Piedrahita

Actualizado: 1 de jul de 2020

En las últimas semanas el país ha reaccionado ante una entrevista del locutor y humorista Fabio Zuleta con Roberto Barroso, un hombre que se autodenomina palabrero guajiro, pues, se trata de una conversación vulgar y subida de tono en donde se denigra, discrimina y maltrata verbalmente a las mujeres de la comunidad Wayúu. Este polémico encuentro ha dejado en evidencia uno de los estereotipos más comunes que rondan a esta comunidad indígena. También, nos ha mostrado el desconocimiento generalizado que hay en el país frente a sus creencias y tradiciones, así como el machismo arraigado que aún sigue latente en muchas regiones, como el Cesar y la Guajira.


Considero que esta polémica permite visibilizar algunas del sinnúmero de problemáticas que están ligadas a este tema, en donde incluso se da lugar a abrir el debate referente a la pobreza y el despojo a los que se ha visto enfrentada esta comunidad y los impactos que ha tenido en la misma. De este modo, utilizaré esta oportunidad para analizar un par de conclusiones que me ha dejado esta controversial situación.


Primero que todo, mi ascendencia materna guajira se ha encargado de acercarme a la cultura, y aunque soy una arijuna más, he podido conocer y respetar sus costumbres, así como admirar sus tejidos, lienzos históricos de su tradición. Por lo tanto, la oleada de opiniones que ha desatado este burdo ataque hacia las mujeres Wayúu me permite afirmar una vez más que esa Colombia a la que se le hincha el pecho cuando habla de plurietnia y multiculturalidad sigue dando interpretaciones basadas en la ignorancia y el desinterés por conocer más de esta comunidad. Debido a que, son muchos los comentarios que he visto referentes a esta situación donde en términos generales se afirma que los Wayúu son los responsables de sus desgracias y que la venta de las mujeres de la comunidad es una de las tradiciones que los caracteriza.


En este orden de ideas, uno de los estereotipos más comunes que rodean a esta comunidad: es la interpretación de la tradición de la dote como la venta de las mujeres Wayúu. Esta costumbre propia de la cultura conocida en wayuuniki como pa’ naa hace referencia a la entrega de bienes por parte del pretendiente como una garantía donde manifiesta respeto hacia la familia y la mujer que pretende, además de representar la alianza interfamiliar que se crea, pues las uniones en esta comunidad no son de individuos sino de grupos.


Es claro que esta es una tradición un poco arcaica si la analizamos desde nuestra perspectiva occidental, pero es necesario entender que su relación con la venta de mujeres hace parte de un estereotipo producto de las generalizaciones injustas y que por medio de cuentos y sátiras han trascendido de generación en generación. Sin embargo, esto no significa que esté desconociendo que existe una problemática ligada a la venta de mujeres de la comunidad Wayúu, simplemente considero que es necesario desmentir las causas falaces para poder entender la gravedad del problema.


Teniendo claro lo anterior, es necesario reafirmar que la discriminación, explotación y comercialización de mujeres Wayúu es una realidad y que existen dos áreas principales en donde se desarrollan. Por un lado, tenemos la situación más visible, que además es un reflejo directo de la pobreza que rodea a esta comunidad, pues consta de la entrega de mujeres y niñas a casas de familia fuera de las rancherías como empleadas domésticas a cambio de comida, techo, educación o ayuda para sus familias. Aunque en este tipo de trabajo algunas son acogidas como parte del hogar, muchas deben enfrentar discriminación, malos tratos e incluso abusos, además de verse obligadas en muchas ocasiones a desarraigarse de su cultura con el objetivo de ser “más civilizadas”.


Por otro lado, existen muchos casos de Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes (conocido como ESCNNA) Wayúu en el contexto de viajes y turismo en el área de la Guajira principalmente. A partir de entidades como la UNICEF y la Fundación Renacer se ha logrado el reconocimiento, denuncia y captura de perpetradores de niñas de la comunidad que han sido explotadas sexualmente en el área. Sin embargo, la conclusión después de varios años de seguimiento a esta situación es que no se han fortalecido políticas o generado nuevas acciones para para la prevención, control y atención integral de víctimas de estos delitos.


Soy consciente de que tanto la entrevista como la situación de explotación y comercialización de mujeres son casos impropios del siglo XXI, pero lastimosamente son una realidad, una que debemos afrontar y controlar para proteger a las niñas, adolescentes y mujeres Wayúu que ya no pueden ser protegidas por su comunidad. Creo que es claro que la intervención directa del Estado dentro de las rancherías no es la solución al problema, pero es necesario que el gobierno se interese en la Guajira, pero en esa que esta fuera de los terrenos del cerrejón, la Guajira Wayúu, la que es más que carbón de piedra, que luce manta y joyas de misterio, esa Guajira olvidada y que, aunque tiene una riqueza guardadas, vive en la pobreza. Es necesario empezar a crear políticas que protejan a estas mujeres de la explotación y que las libren de la discriminación.


Como sociedad es clave que al ver este tipo de casos en donde se discrimina y ultraja de esta forma a las mujeres Wayúu, no solo nos indignemos y lo reprochemos, sino que también dejemos de reproducir estereotipos y estigmas. Es necesario que, nos interesemos en conocer su cultura y sus tradiciones, y nos quitemos esa idea colonial de que lo indígena es poco civilizado y debe evolucionar. Si queremos ayudar, seamos mecanismos para visibilizar a las mujeres de la comunidad Wayúu, permitámosles tener voz en el entorno político y legitimemos sus colectivos y organizaciones. Solo así podremos defender unidos a esta comunidad matriarcal y acabar con la idea machista y retrograda de la cosificación de la mujer porque parafraseando a Hernando Marín se tiene que dejar de creer que por ser india está a la venta.

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