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El reino de los ignorantes. Gastón J. Von Siegmund

Es frustrante ver como en los últimos años ha existido un incremento desmedido en la cantidad de opiniones ridículas e infundadas que empiezan a dominar los espacios de debate público. Las redes sociales se han convertido en megáfonos para aquellos que forman una opinión sin conocer los hechos y que se encierran en cámaras de eco que solo reafirman sus pensamientos infundados. Este fenómeno se ha convertido en uno de los grandes peligros de la expansión del espacio de debate a través de la tecnología. Cada vez es más desalentadora la experiencia de ver un debate en cualquier espacio. Siempre habrá algún personaje que, por un deseo de ser escuchado, de pertenecer o incluso de sembrar una controversia escupirá una serie de disparates que las personas adoptan como opinión. Lo interesante es que esta ocurrencia cruza todo tipo de fronteras ideológicas, religiosas, culturales e incluso en algunos casos intelectuales. Pero si bien ya el hecho de que existan plataformas para que se expresen este tipo de opiniones, lo más preocupante es el efecto que está teniendo en la sociedad. Pues las vociferaciones masivas de estas opiniones infundadas han causado una expansión del fenómeno categorizado por la politóloga alemana, Elisabeth Noelle-Neumann como el Espiral del Silencio.

En pocas palabras el Espiral del Silencio es un fenómeno social en el cual las personas que creen que tienen una opinión minoritaria suelen esconderla por miedo a ser aislados de la sociedad. Pero la realidad es que las opiniones que se consideran como mayoritarias, en verdad solo son aquellas que suenan más alto y hoy en día muchas de las que más se escuchan son peligrosamente infundadas. Sea por ignorancia o por una estrategia de desinformar a la gente. Esto ha causado que opiniones fundadas en hechos relacionados a alguna coyuntura queden suprimidas ante las vociferaciones de ridiculeces frente al mismo problema. Creando así una visión distorsionada de la realidad pues se acaba presentando cualquier situación global como una oportunidad para un enfrentamiento entre personas que no piensen de la misma manera. Porque en muchos casos el propósito detrás de estas afirmaciones es crear diálogos de conflicto que busquen no solo demostrar que la idea u opinión de uno es superior a las demás, sino que además se convierte en un ataque directo a quien opina de manera diferente frente a la misma situación. Pero volviendo al espiral del silencio, lo que ha sucedido es que las opiniones infundadas que impulsan las afirmaciones frente a lo que esté ocurriendo pasan a dominar la esfera pública y la razón y el debate constructivo quedan apartados e incluso renegados por aquellos que deberían tomar la delantera en el momento de impulsar los debates razonados.

Cada día es más común ver a las figuras públicas profesando opiniones controversiales para dividir aún más a una sociedad que se enfrenta a dos coyunturas importantes; una polarización fuerte y una relación innata entre las opiniones y las emociones. Es entonces frente a esta dinámica que se presenta que las opiniones infundadas pasan de ser una serie de disparates sin fundamento a convertirse en afirmaciones que solo sirven para profundizar las divisiones presentes en la sociedad. Pues la minoría que vocifera y hace eco a estas afirmaciones se arraiga a sus ideas incrementando los enfrentamientos en la sociedad. Esto y el espiral del silencio combinados dan pasos a fuertes situaciones cuyo impacto en la sociedad no es incrementar únicamente el enfrentamiento, sino que terminan incluso penetrando en los altos escalones de la política. Argentina presenta un caso interesante de esto. Las elecciones celebradas la semana pasada representan la perversión del modelo democrático por culpa de personas que se comportan proféticamente buscando arraigar sus bases e incrementar la división en la sociedad.


Tras años de crisis económica, corrupción y diferentes escándalos bajo el Kirchnerismo, el pueblo Argentino tuvo que decidir entre dos figuras que en su propio derecho sirven para ser la representación de este fenómeno. Sergio Massa y Javier Milei. El primero, fue el arquitecto del modelo económico y financiero argentino que lleva cayéndose sobre si mismo. El otro, se hace llamar anarco-capitalista y solo sirve para decir groserías y disfrazarse del “General Ancap”. En sus apariciones públicas ambos decían sus afirmaciones que estaban bastante desmedidas. Massa quería mantener el modelo económico actual lo que causaría que la casa de naipes terminara de colapsar. Pues bajo este modelo, la inflación en Argentina ha dejado a altos porcentajes de su población en la pobreza. Milei, quería dolarizar el país, y como dijo públicamente “cargarse al estado”. Escuchando sus debates, pareciera que ninguno de los dos hubiese tenido clases de economía pública.

Pues el modelo de Milei no solo le quitaría la autonomía en política monetaria al país, sino que le robaría al Estado la capacidad de cumplir su mayor responsabilidad: garantizar los derechos de sus ciudadanos. No cabe duda alguna que la aparición de estas figuras se debe a años de mal manejo de la situación social, política y económica del país por el “establishment” político argentino. Pero es preocupante ver como afirmaciones que hace unos años hubiesen asustado al público, hayan logrado penetrar el órgano social. Fue gracias a este fenómeno que el 19 de noviembre del 2023, el pueblo Argentino se encontraba frente a una urna en la cual las opciones eran: el destructor de la economía Argentina, y el General Ancap, armado con su martillo de Thor para destruir al Estado. Con una sierra eléctrica en su mano, Javier Milei celebró su victoria en las Urnas. Lo interesante es que si bien Milei recibió el 55% de los votos del electorado Argentino. Es poco posible que más del 20% del electorado tenga las mismas ideas tan radicales como el presidente electo, pero su llegada al poder representó la única manera de sacar a los Kirchneristas de la Casa Rosada, fue por eso que mientras una minoría celebraba a grito herido las locuras del General Ancap, una mayoría se tuvo que tragar sus palabras y hacer frente para poner a Milei en la presidencia. Creando así uno de los primeros casos en los cuales el espiral del silencio dominó, y ninguno los dos candidatos a la presidencia representaban los deseos de un porcentaje alto de la población.

Lo que ocurrió en Argentina es un llamado de atención a la sociedad, pues representa la realidad que puede llegar a pasar cuando opiniones que buscan dividir y sonar dominan la esfera pública. Este fenómeno se puede subsanar, pero se necesita que aquellos quienes tienen la responsabilidad de proteger y cultivar el Espacio Público decidan tomar las riendas y frenar desde la fuente la promulgación de ridiculeces, y la retórica de violencia y división pero sobre todo deben tomar un papel activo en crear un debate público que si bien puede tener ideas diferentes siempre pongan de primero la cohesión de la sociedad y la educación. Pues es necesario para una sociedad que exista un pluralismo de opiniones, pero encontrar unión y fraternidad dentro de las diferencias.

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