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“Anger” en Audre Lorde y Martha Nussbaum; María Camila Velásquez

Lorde y Nussbaum reflexionan acerca de la rabia en sus obras, “​Hermana Extranjera​” y “​La Ira y el Perdón​” respectivamente, haciendo énfasis en su concepción de esta como justicia percibida, enmarcada en el concepto de “anger”.

Nussbaum elabora una visión normativista de la rabia y establece unos criterios éticos universales que se deben seguir con relación a esta. El concepto de la “rabia noble” establece que la rabia es una señal de que los oprimidos reconocen el mal que les cometieron, la agonía que padecieron o el acto de opresión y rechazo que sufrieron por una sociedad inherentemente inequitativa y segregadora. Y al ser así, la rabia se convierte en una actitud que cumple el rol necesario de motivación o catalizador para que estos individuos dolidos, victimizados y destruidos protesten, luchen y comuniquen la injusticia que se ha padecido. En el caso de ser una injusticia sistemática, es la actitud más justificada. Sin embargo, estas protestas, estas luchas deben carecer de violencia, de conflicto, de caos y de todas las emociones negativas como el odio y la venganza que pueden ser altamente perjudiciales y muchas veces están encarnadas en el afecto de rabia. Para ejemplificar lo anterior trae a colación las actitudes de tres líderes revolucionarios históricamente icónicos, Gandhi, Martin Luther King y Mandela y como sus luchas se fundamentaron en la “no ira” y para ella eso resulta ejemplar y preciosa, pues en vez de fundamentarse en la violencia y el odio fueron completamente pacíficas y simbólicas. Es entonces como la rabia en la visión de Nussbaum se trata de un efecto transitorio que cede el paso a la reconciliación, al perdón, a la generosidad y a la evolución de lo padecido. En otras palabras, la ira puede funcionar en momentos de lucha y protesta, en esos momentos se busca la acción política y la metamorfosis de la dinámica social pero debe al final desvanecerse, olvidarse y destruirse para dar paso a emociones más benévolas y fructíferas. Fundamentado en lo anterior, Nussbaum establece que las instituciones pueden crear formas de vida que propicien emociones como la compasión, el amor y la generosidad y contengan efectos destructivos y perjudiciales como la envidia, el odio, la venganza y en ciertos casos, la ira.

Lorde amplía la noción de rabia y la separa de la culpabilización, el odio, la venganza y el deseo de dañar a otros, estableciendo que esta asociación puede invisibilizar luchas valiosas. Estas acciones igualitarias apelan a formas de confrontación simbólica y transgresiones incómodas pero constructivas que buscan romper estructuras de injusticia. En el caso de Lorde, la unificación y consolidación de un movimiento feminista negro, de una consciencia apasionada, poderosa y fuerte en búsqueda de los derechos y las equidades de su raza y de su orientación sexual es el núcleo, el fundamento, el motor para la reconstrucción de la dinámica social.

Existen una variedad de diferencias entre las dos autoras. Primero, Nussbaum demuestra una visión muy individualizante de lo emocional, es decir, sitúa todo el peso sobre cómo el individuo lidia, controla y modula ciertos juicios emocionales que tienen sobre él y sobre el mundo. Olvidando la existencia de condiciones de violencia estructural, de opresión y de segregación a nivel global tales como el racismo, la xenofobia, la homofobia, la inequidad socioeconómica que los perpetúan. Es decir, para Nussbaum el individuo debe evitar la rabia y la ira porque dentro de su emocionalidad debe existir esa potestad, a pesar de que en realidad pueden ser las superestructuras sociales el origen imperecedero y tóxico de aquellos afectos. Esta privatización sentimental deja a la política inalterada y confirma las estructuras de dominación y la posición de superioridad de quien simpatiza, pues no crea una acción política unificada, consolidada y masiva en pro de la transformación. Mientras que Lorde establece que cuando damos la espalda a la rabia, se la entregamos al conocimiento ignorante y conformista pues con esa actitud estamos diciendo que solo vamos a aceptar las ideas, los pensamientos, los prejuicios y los estereotipos ya conocidos, los más cómodos, habituales y mortiferamente familiares. El término “mortífero” hace alusión a la normalización y desprecio de lo que no cabe en él y al aceptarlo e internalizar olvidamos que existe un camino hacia la resemantización ideológica, hacia la reconstrucción de nuestra cosmovisión hacia la metamorfosis o inclusive el renacimiento de la dinámica social.

Segundo, asume un ideal de reconciliación y de perdón que puede cancelar los conflictos y enmascararlos, pueden dejar los actos de opresión y segregación sepultados en la historia y en la memoria de las víctimas dando paso al olvido que carcome el espíritu y la evolución humana. Pues en vez de buscar destruir aquellas leyes, instituciones políticas, mecanismos económicos o prácticas sociales que obstaculizan e imponen presiones a ciertos individuos, solo busca el perdón instantáneo y una utopía problemática de superación. Mientras que Lorde vislumbra la capacidad potenciadora de la rabia invitándonos a despojarla de el miedo, de su posible patologización a liberarla de la culpa para poder apreciar su naturaleza transformadora.

Tercero, Nussbaum piensa que el odio se supera posibilitando más formas de amor entre las personas lo cual resulta problemático por dos razones. Primero, dentro de las formas de amor también pueden existir en simultánea formas de odio es decir no se puede adoptar un pensamiento puramente dicotómico o binario sino que se debe pensar de manera genealógica. Segundo, este efecto está conformado por una red intrincada e indescifrable de relaciones, materiales y de articulaciones discursivas, económicas, afectivas que se tienen que desestructurar para que se puedan transformar. Permitiendo que los sometidos se organicen, se manifiesten y protesten usando a la rabia como su principal motor. Lorde está muy de acuerdo con esta problematización planteada anteriormente lo cual refleja a través de una cruda pero clara distinción entre el odio y el amor. Por un lado, establece que el odio es “el deseo de muerte que la sociedad inflige en una mujer negra desde que hace, un deseo que ha tenido que tragarse para sobrevivir y seguir adelante.” Y en términos más universales establece que es la furia de aquellos que no comparten nuestros objetivos igualitarios y su fin es la muerte y la destrucción.” Mientras que la rabia es el “dolor por las distorsiones que nos afectan a todos y su objetivo en el cambio”.

Aquella distinción fuerte pero sincera entre odio y rabia, sitúa a este afecto más que en un plano malévolo y degradante en uno de empoderamiento y transformación. Es así como Lorde introduce su concepto de “rabia política” que anida un conocimiento profundo y vehemente, uno que exige una transformación a fondo lo cual se puede simbolizar como un desgarramiento de lo asumido como familiar, de lo instalado mortiferamente como sentido común. La rabia es entonces una capacidad potenciadora que puede cultivarse, que se puede sintonizar con los cuerpos, sus deseos, “escuchar sus ritmos y aprender de ella.” Lorde ejemplifica lo anterior mostrando que la lucha que han tenido las negras feministas se puede asemejar más que a una cacofonía a una sintonía, pues han tenido que internalizar este afecto y bailar con él, estar en armonía para poder suscitar algo de transformación. Dentro de esta obra de arte armónica y sublime, dentro de esta apertura a lo que mueve también hay una generosidad que permite la expansión de de sí hacia otros, la apertura del conocimiento filosófico. La rabia entonces es más que lo que Nussbaum mencionaba, más que caos, violencia, deterioro, más que dolor, agonía y protestas insensibles, la rabia es afirmativa y transformadora. La rabia es el poder de imaginar y de reconstruir, de cimentar un edificio de rabias dolorosas sobre dolorosas rabias que sumerge a la realidad en una profunda metamorfosis y abra las puertas a un futuro de diferencias generativas.

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